Con la vista puesta en Malta

Mod..jpgNo diré cuándo ni por qué. Lo que sí es cierto es que lloré. Un viaje tan largo, tan ganado y tan sufrido. Tan simbólico también. Síntesis de mi vida. De un pasado y de un futuro por venir. Porvenir. Qué bonita palabra. El horizonte abierto. El mar y yo. El mar y tú.  Y lloré. Aquella tarde de julio, sentada a la sombra de la bella Sicilia, con la vista puesta en Malta. Sí, en Malta. Justo desde donde tomé la foto y tras una hora y media de ferry, se llega a Malta. Así es la vida. Apenas has llegado a Meta, ya estás pensando en los siguientes objetivos. Aunque no siempre.

A veces, no disfrutamos. Sólo metas, sólo logros, sólo producir. Y reir, ¿para cuándo? Y llorar, ¿para cuándo? ¿Y compartir? ¿Y saborear el camino recorrido?

Es el valor del tiempo. Del sosiego. De la esperanza.

En una sociedad cuyo sistema es nacer-consumir-morir, encontré una isla, la de Sicilia, que me recordó tiempos pasados. Los de gente que se ayuda porque lo único que tienen es su solidaridad. Su mano para echar una mano, hoy por ti, mañana por mí. O no. Simplemente por ti, porque lo siento y ya está. Si algo recordaré siempre, es la calidad de la gente que allí encontré.

Los motivos que me llevaron a Sicilia fueron muchos y variados. Cuando tenía previsto ir no fui, y más tarde, la acción, el conocimiento y el flujo creativo, intuitivo y de incertidumbre, en mi particular viaje a Ítaca, como Ulises en su Odisea, me llevó a ella. Mágico. Un viaje que empezó en Zaragoza y acabó… No ha acabado. Simplemente regresé a mi casa. En la que duermo cada noche.

En mi Corazón aquel viaje sigue creciendo, alentado por mi propia visión y por personas maravillosas, como las que allí conocí y que me asistieron y ayudaron tanto en el camino. Ellos ya saben. O no. Por eso les doy las gracias. Gracias por estar ahí, cuando más os necesitaba. Nada ayuda más al viajero que una mano amiga.  Los Ángeles de Sicilia…

gelsomino

Y en mis recuerdos, Brisas de atardecer al perfume de Jazmín y susurros de luz de luna. Amaneceres que reverberan en la tierra roja… El orquestar de los grillos. Montalbano y sus misterios, la luz del marLimones y  pistachos y, quizá, los dulces más finos del planeta. Vinos singulares creados con amor al calor del Mediterráneo. Una música que suena. Un patrimonio increíble lleno de personas aún más increíbles, gente forjada en la Adversidad y el olvido de una isla dura, intrincada y maravillosamente fértil y que una vez fue encuentro y tantísima abundancia. Esencia del Mediterráneo, morada de los dioses. Paraíso de artistas, comerciantes y aventureros de todos los tiempos. Bella y mágica Sicilia: ¡Gracias! Muchas gracias… ❤ 😉 🙂

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