Un perfume en la mochila

Águila viajera

Águila viajera

De niños, mi madre se inventó un juego. Éramos una familia de una Tribu india. Entonces no podíamos salir mucho de casa porque mis abuelos estaban a nuestro cuidado. Vivían con nosotros y estaban muy enfermos. Fueron tiempos muy difíciles. Así que mi madre,#mimamIsa, pensó que, al menos, podríamos tener una distracción entre tantas dificultades. Yo la bauticé a ella: “Gran Jefe”. Ella me bautizó a mí con mi nombre indio: “Rayo de Luna”. Después, seguí con mi hermano pequeño: “Caballo loco”. A mi abuela: “Toro sentado”. A mi abuelo: “Flecha rota”. Faltabas tú: “Águila viajera”.

Yo sólo tenía 7 años y ya había perdido a mi padre, a mi tío mayor y a mi abuelo paterno. Y ahí estabas tú. El tío más maravilloso del mundo. Que con 27 años ya habías “adoptado” a tus 4 sobrinos, huérfanos de tu hermano y tu cuñado, mi padre. Al final, también fuiste papá. Y en total, fuimos “5”.

Campos de Cebada

Fuiste tú quien antes se dio cuenta. Una persona entrañable y generosa. Por no decir más. Amabas la Naturaleza tanto como yo. Y una tarde me llevaste a dar una vuelta por el campo. Era VERANO. Y yo, ¡tan pequeña! Mamá me puso una rebequita granate que me había tejido mi “yayanina”

Nos fuimos a pasear. Nunca lo olvidaré. Los campos de cebada mecidos por el viento. Me parecía que bailaban. El susurro al moverse. Las aromáticas. El espliego. El tomillo. La lavanda. “Frota. Huele. No las arranques”. “Mira”. Me decías. “Porque las plantas son del bosque“.

Y los años pasaron. Colonias regaladas. Mañanas micológicas por el Moncayo. Atardeceres rojizos en moto. Nueces preparadas para la “guerra barceloneta”. Profecías cumplidas de jotas de homenaje en mi honor, en el Laboratorio de Perfumería. Noches inconfesas en vela por tu sobrina. Y por la familia.

El loboLa vida pasa. No pasa para todos igual. Te fuiste con la Luna del Lobo. Como no podía ser de otra manera. Como los grandes hombres que cuidan de su manada.
El día de tu entierro ahí estabas. Con tu fragancia flotando en el aire. Nadie se marchaba. Todos juntos. Como a ti te gustaba. Tus amigos. Tu familia. Tu gente. 30 años después del entierro de mi padre. Mismo día. Dos cuñados, casi hermanos. Qué fuerte.

Vuela, amigo Félix. In memoriam, Águila viajera.

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Con la vista puesta en Malta

Mod..jpgNo diré cuándo ni por qué. Lo que sí es cierto es que lloré. Un viaje tan largo, tan ganado y tan sufrido. Tan simbólico también. Síntesis de mi vida. De un pasado y de un futuro por venir. Porvenir. Qué bonita palabra. El horizonte abierto. El mar y yo. El mar y tú.  Y lloré. Aquella tarde de julio, sentada a la sombra de la bella Sicilia, con la vista puesta en Malta. Sí, en Malta. Justo desde donde tomé la foto y tras una hora y media de ferry, se llega a Malta. Así es la vida. Apenas has llegado a Meta, ya estás pensando en los siguientes objetivos. Aunque no siempre.

A veces, no disfrutamos. Sólo metas, sólo logros, sólo producir. Y reir, ¿para cuándo? Y llorar, ¿para cuándo? ¿Y compartir? ¿Y saborear el camino recorrido?

Es el valor del tiempo. Del sosiego. De la esperanza.

En una sociedad cuyo sistema es nacer-consumir-morir, encontré una isla, la de Sicilia, que me recordó tiempos pasados. Los de gente que se ayuda porque lo único que tienen es su solidaridad. Su mano para echar una mano, hoy por ti, mañana por mí. O no. Simplemente por ti, porque lo siento y ya está. Si algo recordaré siempre, es la calidad de la gente que allí encontré.

Los motivos que me llevaron a Sicilia fueron muchos y variados. Cuando tenía previsto ir no fui, y más tarde, la acción, el conocimiento y el flujo creativo, intuitivo y de incertidumbre, en mi particular viaje a Ítaca, como Ulises en su Odisea, me llevó a ella. Mágico. Un viaje que empezó en Zaragoza y acabó… No ha acabado. Simplemente regresé a mi casa. En la que duermo cada noche.

En mi Corazón aquel viaje sigue creciendo, alentado por mi propia visión y por personas maravillosas, como las que allí conocí y que me asistieron y ayudaron tanto en el camino. Ellos ya saben. O no. Por eso les doy las gracias. Gracias por estar ahí, cuando más os necesitaba. Nada ayuda más al viajero que una mano amiga.  Los Ángeles de Sicilia…

gelsomino

Y en mis recuerdos, Brisas de atardecer al perfume de Jazmín y susurros de luz de luna. Amaneceres que reverberan en la tierra roja… El orquestar de los grillos. Montalbano y sus misterios, la luz del marLimones y  pistachos y, quizá, los dulces más finos del planeta. Vinos singulares creados con amor al calor del Mediterráneo. Una música que suena. Un patrimonio increíble lleno de personas aún más increíbles, gente forjada en la Adversidad y el olvido de una isla dura, intrincada y maravillosamente fértil y que una vez fue encuentro y tantísima abundancia. Esencia del Mediterráneo, morada de los dioses. Paraíso de artistas, comerciantes y aventureros de todos los tiempos. Bella y mágica Sicilia: ¡Gracias! Muchas gracias… ❤ 😉 🙂