AROMAS, Aromaterapia y Cosmética, Emprender, Firma Isabel Guerrero, La cultura del PERFUME, PRENSA

1916

Vapo yaya.jpg

Querida yaya. O mejor: querida abuela. Que nos conocemos 😉  Cada día que pasa te tengo más presente. Ya lo sabes. Te llevo en el Corazón, hoy y siempre. La vida te ha dado la Razón en tantas cosas… Qué “crack” eras. Tantos recuerdos, como cuando me decías: “tú, cariño: navega, navega”. “Que si yo pudiera, también navegaría como tú”. Te encantaba viajar y vernos -a “nosotros”, tus nietos-  Crecer. Al final, creaste tu universo propio y te ibas a Jaca de vacaciones, venías a vernos a los Campamentos de verano, te “echabas” la meriendica y la partidica de Cartas en tu casa con las amigas de tu edad. Porque el yayo, Julio, Guerrero – “Julio Guerrero I”-, murió joven, con sólo 60 años. Tuve la suerte de conocerle aunque yo era muy pequeña. Y me acuerdo de él perfectamente. Con sólo 2 años y medio, le perdí. Y me volvía “loca” diciéndoos “a los mayores” que, a alguien que se marcha “al cielo”, se le puede bajar con cuerdas… Así somos “los niños”. Los “locos” más lógicos del mundo…

1916. 1916, además de un año o una fecha, era una de tus Fragancias favoritas. Como “tu fondo de armario” de las fragancias. Fresca, limpia, clásica. Porque por eso era y es clásica. Porque nunca defrauda. Una fórmula y una fragancia que cumple este 2016, 100 años de su nombre. Limón, bergamota, lavanda… “Lo más de lo más” de las Colonias… Cada vez que la huelo, se me caen las lágrimas. Siento que estás “aquí”. Te veo en el cuarto del baño, con tu laca, tu jabón de Tocador, con tu estilo inconfundible. “Tan Alejandra”. Y esa fragancia me devuelve, de vez en cuando, casi uno de tus abrazos.

“Mi cielo”, nos decías. Supiste amar a cada uno de tus tres nietos en su singularidad. Yo, la primera, la mayor. La hija de tu hijo mayor. La que nunca te fallaba. Julio: “tu niño”. El niño de tus ojos. El hijo de tu hijo, mi padre, que perdimos tan pronto. Julio y tú eráis Cómplices de propinicas “ganadas y negociadas”. Cómo os gustaba jugar con eso… Y Esther, la hija de tu hija. La pequeña de la pequeña. Llegó 9 años después que yo y nos alegró la vida con sus ojazos “gatunos”, su tierna cabezonería y su corazón peleón.

Ha pasado mucho tiempo de todo eso. El día de tu muerte, estuvimos allí contigo. Mamá, Julio y yo. Hasta la hora de comer, como a ti te gustaba. Lo último que te dije es “te quiero mucho, yaya”. Y tu respuesta fue: “ya lo sé, cielo”. “Yo también a vosotros. Mucho”. Era 30 de diciembre de 2003. La niebla inundaba de misterio la ciudad de Zaragoza. Y al despedirnos, ya en casa, lo sentí. Te ibas. El aire me faltaba. Y así, te fuiste. Rodeada de jardines y de Amor. Rodeada de los tuyos. En paz y siguiendo la estela del día del aniversario de boda de mis padres. Qué fuerte.

Por eso, cuando recuerdo tu vestidor, ya viuda, con su precioso Tocador, aquel precioso espejo, el Perfumero con su borla, los accesorios en plata… No puedo dejar de emocionarme. La dignidad de una mujer en sus 60, sus 70, 80 y más. Una mujer, a quien en su primer cumpleaños de mi era profesional como Química Cosmética, ya en PUIG, le regalé L’Air du Temps de Nina Ricci, edición Especial, y me dijo: “Qué profesión más bonita has elegido, hija”. “No lo dejes nunca”. Tus palabras suenan en mi Corazón cuando más las necesito. Muchas gracias, abuela. TE Quiero hasta el infinito y más allá. Como siempre, Nos encontraremos en las fragancias, en la niebla y en el viento… UN ABRAZO.

 

 

 

 

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1 comentario en “1916”

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