CURSOS y Talleres

El día que conocí a Miguel Indurain

Miguel_Indurain
Es Viernes, 6 de Noviembre de 2009. Salgo de la Biblioteca Mariano Pano de Zaragoza donde durante las siguientes mañanas de sábado impartiré el Juego-Taller “El Olfato: el Sentido de la memoria”, organizado en Colaboración al Club Cai Tú y Edad 3. Una actividad en familia para entrenar el sentido del olfato, potenciar la memoria, desarrollar la afectividad, el lenguaje de las emociones, de los Sentidos así como el trabajo en equipo.
Son alrededor de las 2 y media de la tarde, de la mañana para mí; todavía no he comido. La agenda está apretada y acorto por una calle céntrica de un conocido hotel 5 estrellas de Zaragoza.
Un coche está parado delante de la entrada al hotel. Bajan unos señores de traje, en la cincuentena. Peinan canas. Hasta ahí, todo cotidiano. Mi olfato me dice que tengo que aminorar el paso. Salen los señores, se encuentran con un tercero. Se saludan con confianza y cercanía. Y de repente, el corazón “me baila”: la última persona que sale, el conductor: ¡Es Miguel Indurain!

Espero a que acaben de saludarse todos. Que tomen contacto con la tierra zaragozana. Entonces, no hay duda. Esta es mi oportunidad de hablar con Miguel Indurain. Yo, que en los 90, le seguí a todas las exhibiciones de Ciclismo a las que venía “en Pilares”, que iba a sus charlas. Que leí libros sobre su carrera. Que mi madre, “madre coraje”, espejo adolescente de la casa, nuestra “heroína de a pie”, me regalaba todas las cintas de vídeo con sus mejores hazañas…. Que veíamos todas sus etapas: Giro, Tour… No importaba dónde. En casa. De Campamentos de Verano en los 90, rogándoles a los monitores que nos dejaran ir a un bar para ver las etapas en televisión tras las duras Caminatas… Él, que nos regaló tantas tardes de pasión e ilusión. ¡Enfrente de mí!
Miguel Indurain siempre fue para mí un ejemplo de superación y sacrificio. Y ahora, va, y llevo su firma dedicada sobre mi tarjeta de visita, en mi cartera de bolsillo. Junto al corazón. Y me alegro de que ya no tenga que subir ni “Mortirolos” ni “Tourmalets”… Y de que venga a Zaragoza relajado y con buen aspecto.
Porque Miguel Indurain, uno de los mejores deportistas de todos los tiempos, supo ganar dejando espacio a los demás, ganándose nuestra admiración día a día, pedalada a pedalada… “Por eso, Miguel, ahora que ya te he conocido en persona, me gustaría darte las gracias por aquellas tardes de gloria…”



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